En «La madre de los monstruos», relato publicado originalmente en 1883, el escritor francés Guy de Maupassant contaba la historia supuestamente real de una mujer que, al quedarse embarazada, sometía a su vientre a atroces apretones para que sus criaturas nacieran con horribles deformidades y así convertirlas en fuente de ingresos al venderlas a circos y espectáculos ambulantes. Además de una feroz crítica a una sociedad que obligaba a las mujeres a llevar inhumanos corsés que en el mejor de los casos les producían desmayos –en el peor, la locura, la muerte—, Maupassant ponía el espejo frente al lector, obligándole a admitir que en el fondo a todos nos reconforta observar las más terribles rarezas y aberraciones que nos recuerdan nuestra supuesta normalidad.

 

 

En 1932 Tod Browning rueda una de las películas más bellas y crueles de la historia del cine, La parada de los monstruos (Freaks), donde nos sumerge de lleno en ese escenario que forma parte del folclore norteamericano tanto como los moteles de carretera y los predicadores apocalípticos: las ferias ambulantes, los carnivals, donde por unas pocas monedas los espectadores podían contemplar todo tipo de fenómenos humanos. La genialidad de Browning es que fue capaz de mostrarnos a estos seres de una manera profundamente humana, sin caer en ninguno de los tópicos habituales. Los fenómenos, nos dice Browning, son como nosotros, con sus sentimientos, sus alegrías, su piedad, pero también sus celos, sus envidias y su egoísmo. Ni más ni menos que cualquiera.

 

 

Amor de monstruo (Blackie Books, 2019), de Katherine Dunn, retoma de algún modo esos antecedentes y les da una vuelta insospechada y posmoderna. La novela, publicada por primera vez en 1989 y no traducida hasta ahora a nuestra lengua, nos narra las aventuras de los Binewski, una familia de feriantes donde los padres, Al y Lil, son los únicos «normales». Convencidos de que para ganarse la vida en ese mundo hay que tener un don especial e irrepetible, deciden ofrecer a sus hijos algo que les haga brillar con luz propia. Así, en cada embarazo prueban todo tipo de sustancias que puedan modificar al feto, «regalándoles» todo un surtido de deformidades físicas (Elly e Iphy, siamesas; Arty, una especie de pez humano; Olivia, enana, albina y jorobada) o incluso poderes extraordinarios (Chick, el pequeño, con sus propiedades telequinéticas y su fuerza sobrehumana). Lo mejor de todo es que ellos están orgullosos de sus atributos y desprecian a los «normas», como llaman al resto de infelices que no comparten sus dones. El interés no decae durante las más de 500 páginas, de hecho la historia toma rumbos insospechados continuamente. El humor grotesco, el morbo y la ausencia de prejuicios campan a sus anchas por las páginas. El Terry Gilliam más desquiciado, el John Waters más gamberro o el Tim Burton más imaginativo podrían hacer una estupenda película a partir de la novela de Dunn.

(Por cierto, la fabulosa cuarta temporada de American Horror Story debe mucho a este libro).

Ficha: Amor de Monstruo (Katherine Dunn, 2019). Blackie Books. Traducción de Jordi Mustieles Rebullida.

https://www.blackiebooks.org/catalogo/amor-de-monstruo/

 

Pepe Aracil Reseñas

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